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Neurociencia: ¿cómo aplicarla a un customer experience más atractivo?

Con las nuevas tecnologías, las formas de comunicación han crecido colosalmente, superando toda expectativa. El internet es una amplia y maravillosa ventana donde podemos intercambiar mensajes desde con un amigo de la infancia hasta con tu estrella favorita gracias a las redes sociales, un ejemplo es Facebook, red social que, según resultados financieros publicados en su plataforma, para enero del 2016 superaba los 1.590 millones de usuarios registrados.

Esta característica permite que, un mensaje difundido de forma pública, logre viralizarse entre los distintos usuarios de las plataformas sociales convirtiéndose en tendencia y tema de conversación, factor que han tenido muy presentes las empresas al momento de difundir contenido publicitario.

Sin embargo, aunque el marketing digital de contenido se ha convertido en el norte de los publicistas y empresarios, cada vez es más difícil lograr conexión con las audiencias a quienes va dirigido el mensaje, debido a ese sentimiento que está teniendo la mayoría de estar “saturados” de publicidad, recurriendo a sistemas de bloqueo o adblockers, que cada vez son más populares entre los internautas.

Es así, la receptividad que el contenido presentaba hace un par de años, ya no es igual, se ha perdido el valor de la publicidad enfocada en las plataformas digitales y el sentido novedoso. No obstante, la oportunidad de compartir un contenido y que éste sea bien recibido por los consumidores siempre estará presente, pero, ¿qué es lo que realmente ellos esperan?

Sus expectativas radican en elementos de calidad, creatividad, interés e identificación, no solo se trata del intento de venderles algún producto o servicio, sino el perfil cercano a los principales consumidores de lo anunciado, un valor añadido que aporta vínculos afectivos y deseo por lo que se ofrece. “En un elemento, las marcas pueden concentrar todo lo que los consumidores quieren y hacer llegar además sus mensajes”, no se trata solo de escribir algo y publicarlo.

Un recurso que nos juega a favor en este punto es la neurociencia, ciencia que puede otorgar gran efectividad al mensaje.

Para esto, se parte de ciertos principios:

Las emociones despiertan al cerebro

Los consumidores esperan generar vínculos emocionales con marcas y productos, teniendo en cuenta este punto, las empresas deben considerar las emociones como factor clave para conectar con el

cerebros de los consumidores. Los contenidos emocionalmente fuertes generan mayor impacto en el receptor, permitiendo que se queden grabados en el recuerdo del mismo.

Se deben seguir los “instintos de autoservicio”

El instinto de supervivencia es una característica que estimula a los seres humanos, por lo tanto, suelen sentirse atraídos por aquellos servicios que los ponen por encima de todas las cosas. Esta metodología tiene gran impacto directo sobre el actuar de los consumidores y en cómo reciben los mensajes, al contener material que adula al lector o que ayudan a sentirse bien con ellos mismos.

Familiar, simple y poderoso

Un sinónimo de éxito es emplear elementos ya conocidos por todos, contextos y situaciones comunes con los que cualquier persona puede sentirse identificado, con mensajes del tipo “familiar”, el cerebro libera dopamina manteniendo lo recibido en el recuero. Muchas empresas tienen claro éste elemento y lo mantienen como fundamento principal haciendo uso de imágenes, gráficos, colores y tipografías con las que el receptor está familiarizado.

Otro elemento que la neurociencia ha enseñado sobre el contenido y que no debe subestimarse al momentos de crear marketing de contenidos es que, “las cosas que nos parecen fáciles las percibimos mejor”. Un ejemplo son las tares de matemáticas, de lengua o de la asignatura que fuese la debilidad de cada uno de nosotros en el colegio, no es que fuese difícil, es que lo veíamos difícil.

La neurociencia lo explica: cuando algo parece difícil, el cerebro decide de forma automática que será complicado y que nos llevará más tiempo que otra actividad.

Hay que sorprender al cerebro

Para lograr un contenido memorable, hay que apostar al factor sorpresa. El cerebro hace que el proceso de lectura y absorción de información se desarrolle de forma predictiva, adelantándose a lo que va a leer y así, en lugar de tener que procesarlo todo, toma las ideas y los mensajes. Colocar palabras inesperadas o sorprendentes, alterando comienzos de novelas célebres o frases populares, hace que el cerebro se pare a leer con más calma.

Con información de puromarketing.com





Publicado: 24/03/2017