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¿Existe la Inteligencia artificial emocional? ¿Es útil para la humanidad?

La tecnología cada vez nos brinda más oportunidades de realizar esos viejos sueños de automatización e inteligencia, siendo capaz de reconocer contextos, gestos y procesar múltiple información desde sus terminales. En esta época es muy común encontrarse con el termino “Artificial Emotional Intelligence” (Inteligencia Artificial Emocional), un concepto que nos habla del alcance que ha logrado nuestra tecnología, siendo capaz de leer, interpretar, predecir e incluso influenciar nuestras emociones.

En la actualidad, podemos encontrarla en programas, robots y algunos dispositivos los cuales, en cierta forma y grado, se han vuelto nuestros amigos, confidentes y consejeros en decisiones cotidianas. Muchos recordarán la película HER, pues hasta el día de hoy me encuentro con personas que la traen a conversación cuando tocamos temas de la tecnología existente y la inminencia del futuro, el mismo que siempre está en desarrollo, esperando su momento para brillar. Este tipo de tecnología transforma cada proceso, cada forma de interactuar con ella, comenzando con el e-Commerce, los vehículos autónomos y el reconocimiento afectivo de terminales IoT.

Respondiendo a la segunda pregunta, la inteligencia emocional es importante entre las personas, nos permite ponernos en el lugar del otro, ayudarlo y conocernos a nosotros mismos, volviéndonos “más humanos”. Es útil para "ser humanos" y también para "humanizar" a la tecnología. La frialdad de la tecnología nos obliga a buscar la forma de llevarla a la inteligencia artificial, pues al interactuar con una maquina, es necesario que nos entienda y actué en consecuencia a nuestras respuestas de forma asertiva.

Para quienes nos conocen por nuestras presentaciones en conferencias como los Local Meetings del Interaction Design Foundation de España o América del Sur, las conferencias de especialidad como el ciclo de Telefónica I+D Chile, CX DAY, Interaction South America, CITIAPS o Interacción UDD, recordarán nuestro foco en la emoción y el porqué es importante estudiarlas y entenderlas para poder diseñar basados en su evidencia.

Las emociones son la base de toda experiencia. Como recordarán en nuestras presentaciones, establecemos que mucho antes de la comunicación actual e incluso la oral, nuestras emociones tenían un rol fundamental en la comunicación, pues nos permitían interactuar con otros, establecer relaciones y despertar la empatía de otros, como si se tratase de un reporte inconsciente del cuerpo humano. Esto está presente en todos los mamíferos, siendo también el principal actor en la toma de decisiones. Hoy en día, la emoción sigue siendo el centro de toda comunicación, definiendo la forma en que interactuamos. La única diferencia es que antes no teníamos el cortex para reflexionar sobre estas decisiones.

En otras palabras, las decisiones que tomamos día a día, ya sea para cruzar la calle, manejar, tomar la locomoción colectiva, caminar, comprar café, teléfono móvil, etc, cosas a las que no prestamos atención y que hacemos de forma inconsciente, o en “modo automático”, son producto de las emociones que procesamos como respuesta al entorno, siendo un reflejo de los estímulos a los que nos exponemos.

Ok, esto de la emoción es poderoso, interesante, necesario y sin duda alguna plantea muchas preguntas, al tiempo en que explica el porque nos relacionamos de buena manera con ciertas personas, situaciones y objetos. ¡Es más! Si nos detenemos a reflexionar sobre esto, podemos entender el porqué la inteligencia artificial es desarrollada, pues es “falta de humanidad” la que aterroriza de la tecnología.

En otras palabras, es el origen de lo que ya muchas personas comienzan a llamar inteligencia emocional artificial, lo que se traduce en nuevas formas de interactuar emocionalmente con nuestras máquinas, servicios y productos.

Es cierto que para los devotos del Affective Computing, rama del Human-Computer Interaction y por extensión, parte del Human-Robot Interaction y el Artificial Intelligence, esto no es nuevo, pues el gran trabajo de Rosalind Picard y su libro “Affective Computing” ha sido inspirador para muchos, significando un campo de estudio totalmente nuevo, incluso tuvo una respuesta a sus modelos cognitivistas sobre la emoción por parte de la obra de Sengers, Gaver, Dourish y Hook, quienes plantearon otra línea de trabajo, a la cual llamaron “Affective Interaction” o interacción afectiva, basados en la fenomenología y en la emoción construida en la interacción entre las personas y las máquinas.

Un poco de historia: a medida de que el Human-Computer Interaction (HCI) y el Diseño de Interacción pasaron del diseño y evaluación de aplicaciones orientadas al trabajo al manejo de aplicaciones orientadas al ocio (juegos, computación social, arte y herramientas creativas), los profesionales han tenido que plantearse a preguntas del tipo: ¿qué es lo que constituye una experiencia?, ¿cómo manejar las emociones de los usuarios? y ¿cómo comprender las prácticas y experiencias por medio de la estética?

El mercado de la investigación afectiva en el mercado, ha logrado ser aplicada en marcas y pruebas de productos, robots asistentes, sistemas de detección en vehículos, juegos inversivos, educación y tutoría, Tratamiento de PTSD en soldados y mucho más. Como resultado, estamos siendo testigos del inicio de lo que los expertos llaman “Emotion Economy” o economía emocional, un amplio rango de software y servicios interconectados que buscan cumplir con la promesa de maquinas que se preocupen de las emociones.

Esto es muy similar a los primeros días de las computadoras personales (PC) y la internet, lo que conocemos como la primera revolución. Los primeros sistemas parecen un poco toscos comparados con los sistemas a los que nos hemos acostumbrados a interactuar hoy en día. Este precedente nos lleva a suponer que tal y como ocurrió la primera vez, los servicios y dispositivos se desarrollarán y volverán increíblemente sofisticados e indispensables en la sociedad.

Empresas como Affectiva, NeuroSky, Microsoft o Apple ya poseen tecnología de reconocimiento de expresiones faciales, por otro lado, empresas como Beyond Verbal analizador de emociones verbales, UserEmotion, por otro lado, reconoce emociones tras el estímulo de un punto de interacción o Synesketch, que es capaz de reconocer sentimientos en textos. Estas tecnologías nos entregan acceso a la información que procesan a aplicaciones de terceros. Es cosa de tiempo para que estos puntos se complementen de la forma adecuada, abriendo las puertas a la programación de inteligencias realmente afectivas.

Ya no hablamos de un sueño, como si fuera ciencia ficción de Isaac Asimov, Arthur C. Clark o Philip K. Dick, no. Hablamos de que el futuro ya está aquí, desarrollado, mejorando y buscando su momento para emerger al publico. Hoy en día existen equipos de investigadores desarrollando software que pueden detectar signos de autismo de forma oportuna, rpbots terapeutas para ancianos, víctimas de Alzheimer y pacientes con depresión. Sin duda alguna, esta tecnología vendrá a mejorar la calidad de vida de los humanos y se expandirá por las diversas economías en poco tiempo.

Respondiendo la pregunta inicial: ¿existe la inteligencia artificial emocional?, solo podemos decir que sí, pero en fase de desarrollo y mejora constante. Para el casi inmediato futuro del 2020, el para entonces descendiente de Siri, Alexa, Cortana, Evi, o alguna otra inteligencia de asistencia personal tiene mucho material disponible hoy para sorprendernos en los próximos tres años, en especial si hablamos de un futuro inter-conectado.





Publicado: 11/04/2017