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La emoción humana: interpretación de las reacciones

La emoción es algo con lo que nos enfrentamos diariamente. Ese elemento -muchas veces- intangible que nos rodea, así como una fuerza omnipresente que nos domina, de modo que a medida que tomamos conciencia, aprendemos a vivir con ella, pero siempre atentos a estas, tratamos de dominarlas, moldearlas o controlarlas. En algunos casos, nos forzamos a emularlas o intentamos usar a voluntad.

Se necesitan capas de cultura, de objetivos, de convicciones -ojalá claras- y años de decisiones, da igual si buenas o malas, para llegar a comprenderlas y dominarlas, o por lo menos eso nos gusta creer. Las emociones no solo reflejan un estado del cuerpo, de acumulación de experiencia, intensidad de dolor o de realización, además comunican intensiones, proyecciones y estados, lo que permite interpretaciones, valores y status. Siempre ha sido fundamental para nuestra evolución y comunicación, pero siendo una función inconsciente de nuestro sistema biológico, no suele ser teorizada y reconocida.

Hockenbury & Hockenbury en 2007 definieron la emoción de esta forma:"es un estado psicológico complejo que involucra tres componentes distintos entre sí: experiencia subjetiva, respuesta fisiológica y una conductual, o ‘respuesta expresiva’.

Más que una capa cultural

Desde el siglo de la iluminación que nos arrastró a la modernidad, se ha dado mucha importancia a la razón, llegando al punto de elevarla como diosa , cosa que desde cierta perspectiva, parece algo contradictorio. Se levantaron naciones, desarrollaron sociedades en función de metarelatos, hubo grandes avances y poco a poco fuimos construyendo un gran panóptico.

En este punto es imposible no recordar a Foucault y Bentham, pero si reflexionamos un poco sobre este“mundo racional temiendo a la locura”, hace mucho sentido el trabajo de Foucault en el cual se plantea que el mundo “racional” debe aislar a la “locura" para su existencia… ¿Familiar no? La locura siempre ha representado "eso" inconsciente que no podemos racionalizar, manejar o explicar -dominar-, y como es parte de nuestra naturaleza, le tememos, lo demonizamos y aislamos. La emoción ha sufrido el mismo problema; fue ocultada, negada, subvalorada e incluso se considera en muchas sociedades como un signo de debilidad.

El motivo: no era entendida, su naturaleza inconsciente la arrojaba al mismo saco que la locura y en consecuencia, opuesta a la razón.

En los tiempos en que vivimos, gracias a la postmodernidad y la fragmentación de la historia -donde se exaltan los pequeños relatos- nos encontramos con un creciente y envolvente interés en conectar y comunicar a las culturas entre sí. Sabemos que filósofos como Nietzsche, Foucault o Vattimo plantean la multiplicidad de hechos, donde cada uno tiene su centro en sí mismo, dando lugar al multiculturalismo, respeto por las etnias, minorías sexuales, raciales, etc. Esto da pie a una multiplicidad de interpretaciones, de exploraciones y de legitimaciones, desencadenando un torrente de nuevas perspectivas, subjetividades y opiniones.

Esto no solo aplica a aspectos de carácter filosófico, también tiene una fuerte repercusión en el mundo de la gente de a pie, como usted y como yo. En la posmodernidad, así como ocurre con la fragmentación de la realidad e interpretaciones, rescate de las viejas preguntas y creencias, presta una especial atención a los aspectos desconocidos, con un espíritu hambriento de re-interpretar la realidad.

Es aquí donde las emociones son rescatadas y son re-interpretadas, re-valoradas e insertadas en múltiples disciplinas. La neurociencia y la psicología cognitiva hacen un gran trabajo al identificarlas y levantar modelos que de la mano de gente como Goleman, Ekman, Plutchik, y James que han hecho grandes aportes para entenderla, son capaces de darles un importante lugar en nuestras vidas contemporáneas.

Paul Ekman retomó las emociones en un mundo en que el pensamiento dominante era el de Margaret Mead y su impacto cultural, el cual postulaba que la emoción era social (producto de la cultura), incluso se creía que habían culturas que no tenían emociones y las expresiones faciales eran propias de una cultura (1940-50). Ekman descubre que hay emociones universales. Estudió 21 culturas literarias (con lenguajes propios) y dos que nunca habían estado en contacto con el mundo exterior. Esto sirvió para establecer generalidades.

Parte del experimento hacía preguntas como, ¿qué cara pondrías si te dijeran que se ha muerto tu hijo? Las reacciones, independiente de la cultura, se mostraron convincentes y coincidían en la gran mayoría, permitiendo establecer patrones de conducta.

En este mundo de multiplicidad de hechos, de culturas y de relatos, hace mucho sentido analizar lo que William James propuso en 1890, donde vio a la emoción como un acto de comunicación en sí. Es cierto, hay hechos universales, pero esto no destruye la propuesta de "multiplicidad de hechos", ya que esa universalidad es parte de esa multiplicidad.

Sin emociones, la habilidad de tomar decisiones puede verse en problemas. La emoción siempre da paso a un juicio, presentándose con información inmediata sobre el mundo: aquí hay peligro potencial, hay comodidad potencial; esto es agradable, esto es malo. Uno de los caminos por los cuales las emociones funcionan es por medio de neuroquímicos que bañan particulares centros cerebrales y modifican la percepción, la toma de decisiones, y el comportamiento. Estos neuroquímicos cambian los parámetros de pensamiento.

- Don Norman (2005) en Emotional Design: Why we love (or hate) everyday things.

Nos hemos atrevido a hacer una reflexión sobre la emoción y su importancia para la humanidad. Es importante comprender la historia para poder apreciar el presente y diseñar el futuro. La emoción es algo que simplemente es el responsable de cada uno de nuestros actos (85% del proceso de toma de decisiones es inconsciente -cerebro emocional-) y gracias a la psicología, filosofía y la neurobiología alcanza nuevas fronteras de uso como lo es la seguridad, comunicación y por su puesto, el diseño.



Publicado: 31/03/2017